viernes, 18 de enero de 2013

Motivación vespertina

Ya sabéis lo importante que es la música en mi vida. Y si no lo sabéis pasaos por mi entrada anterior
Por eso os traigo La Selección de canciones que me hacen salir de casa pisando fuerte. Confío en que por lo menos alguna os sirva a vosotros también.


Y si el modo aleatorio no las pone una detrás de otra me enfado y no respiro. Y luego las busco. Qué desfachatez. Habrase visto... un reproductor de música haciéndome trabajar a mi. ¡A una Grande de Castilla! Y para más inri por la mañana. Se ha perdido el respeto. 

Así que ya sabéis, si no estoy de buen humor por la mañana es culpa del modo aleatorio. 

martes, 25 de septiembre de 2012

Teoría musical


Tengo una teoría sobre la música, pero esperad al final para poder llamarme loca con argumentos.

Para mí, la música es alma. La música es como las personas. Hay gente a la que nada más conocerla sientes cerca, gente en la que confías. Pero también hay personas que no te dan una buena primera impresión y necesitas tiempo para tratar de ver que no son tan malas como parecían. O para cambiar tus expectativas respecto a ellas.

Evidentemente tendrás algún tipo de música que te guste más. Sea cual sea te sentirás más o menos identificado con ella e incluso, si me apuras, te identificarán con ella. Quiero decir, ¿no os han dicho nunca algo como “pues yo pensaba que te gustaría más este grupo”?

Por eso, supongo que como todos, relaciono canciones con personas de mi vida. Creo que es una manía bastante poco práctica, y obsesiva, para qué negarlo. Pero me gusta llevar esas canciones en mi mp3 o móvil (o aparato de reproducción indefinido) para escucharlas cuando necesite a esas personas cerca. O simplemente para que cuando las escuche me acuerde de ellas. No sé, pienso que es bonito acordarse de la gente que quieres porque sí. Como por ejemplo ahora:

Creo que la música es expresión, es corazón y comunicación. Habla por nosotros cuando no sabemos qué decir. Quizá penséis que es una frase muy trillada, pero es seguro que en algún momento habéis buscado la letra de una canción o habéis pensado “¡Eh! ¡Yo pienso/siento esto mismo!”.

Para mí, la música es sentimiento. Necesito música. Mucha y muy diferente. Hace poco pasé por un mal momento en mi vida, y hasta que no me di cuenta de que había dejado de cantar, de escuchar música, no fui capaz de salir del hoyo, de darme cuenta de que estaba mal. Para mí la música depende de mi estado de ánimo, y por supuesto también es totalmente capaz de cambiarlo. Por eso me parece realmente importante empezar el día escuchando algo que me guste.

Y por último, la parte más surrealista de mi teoría musical. Creo que la música, las canciones, nos dan pistas sobre lo que va a pasar. Os explico. Me levanto por la mañana. Mi radio se enciende a las 6 o a las 7 (depende del día) y empieza a sonar música. Y cuando empiezo a ser medio consciente de lo que hablan las canciones pienso en qué me están diciendo sobre mí o sobre mi vida. Quizá no toda la canción, sólo una frase, pero siempre encuentro algún significado oculto en cada canción, y ese significado cambia cada día.

Ahora sí, podéis llamarme loca.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Vive paso a paso

Sé que lo que toca es decir que debería haber escrito más estos últimos meses y tal...pero no. Vengo a enseñaros mi descubrimiento.

Resulta que hoy, después de tres años de carrera, se ha encendido la lucecita de la responsabilidad (no negaré que es posible que mi madre le haya dado al botón. Insistentemente.), y he organizado pilas de papelotes, apuntes y libros que ocupaban mi mesa, mi cama y mis estanterías. Mi espacio vital en general.

De verdad que no lo entiendo. ¿Cómo se reproducen tan rápido? Estoy segura de que yo sólo puse un par de papeles en cada sitio...y ahora... uuuufff


Y éstos son sólo los del último año.

El caso es que, entre papeles, he encontrado algo que escribí hace tiempo. Lo he leído y he reconocido mi letra, evidentemente, pero no tengo recuerdo de haber pensado lo que escribí en el papel. Ahora que lo he leído estoy gratamente sorprendida y me ha gustado tanto lo que pone que creo que tengo que compartirlo. 

Allá va:

Vive paso a paso.

Aprende.

Nunca está demás que, de vez en cuando, te gires y mires las huellas que has ido dejando a lo largo de tu paseo por el mundo. Puede que no estén claras, o que no sean agradables, pero al final es gratificante hacer un repaso y asegurarte de que estás a gusto con tu vida.

No hace falta que sea un momento planeado. No apuntes en tu agenda que el martes de la semana que viene, a las seis y media, te vas a sentar a pensar en ti, en tu vida y en la gente que te rodea. Cuanto más espontáneo mejor.

¿Dónde buscas esas huellas? La pregunta es importante.

Hay quien piensa que recordar es lo mejor. No te digo que no sea una buena forma pero ¿eres consciente de que recordar una conversación o una situación cualquiera es completamente parcial y subjetivo? Recuerdas TU sensación. Recuerdas TUS palabras y quizá, con mucha suerte, algunas frases que alguien pronunció y te impactaron. Desde mi punto de vista, no está mal que recuerdes pero, aparte de cierta perspectiva, ¿qué te aporta de nuevo?

Yo soy más de las que piensa que la clave está en la gente. Habla con ella. Comenta los momentos que vivisteis juntos. Siempre reconforta y tranquiliza (incluso es divertido) darte cuenta de que no todo es lo que parece.

La otra clave es escribir. Escribe mucho. Lo que sientes, lo que piensas, lo que ves. Y lee. Lee aún más de lo que escribas. Así, con el tiempo podrás recuperar aquel momento y sentirte orgulloso de lo que hiciste o dijiste, porque, acabase como acabase, lo hiciste. Viviste. Formaste parte del mundo. Dejaste tu huella, y esas marcas no las puede borrar nadie.

Haz una valoración lo más objetiva posible. Acércate a la gente de tu alrededor.¿Confían en ti? ¿Te sonríen? ¿Te ayudan? ¿Hacen todo lo que pueden por ti?

Ya lo tienes. Es la prueba de que TUS HUELLAS SIGUEN AHÍ.

FIRMES.

SEGURAS.



La marca que deja un beso no es tan mala. 
Te puede dar todo por nada.
 Y te quiere dar, te puede dar

domingo, 6 de mayo de 2012

Tenía que decirlo


Quiero, de una forma asombrosa, a mi familia.

Tenía que decirlo.

No sé con quién hablaba el otro día sobre este tema. ¿Quizá con María, Grande de Castilla? Ni idea. Recuerdo que dijo una frase tipo “Ya sé que hablo mucho de mi familia, pero es que me alegro mucho de tenerlos”. O algo como “no todos tenemos esa suerte”.
De verdad que no lo recuerdo. Es muy posible que la conversación en sí se mezcle con los pensamientos que me suscitó y las sensaciones que me produjo.

No sé si los que me leéis tenéis una gran familia. No sé si os lleváis bien con ellos. No sé si le dais la misma importancia que yo a la palabra “familia”.
Para mi es algo más que esas personas que te tocan en el sorteo. Son tu padre y tu madre, tus abuelos y abuelas, tus primos y primas, tíos y tías, nietos y sobrinos, “novios de” y “novias de”. Incluso las mascotas: gatos, perros, tortugas… Son todos ellos y mucho más. Son amor. Simple y llanamente. Amor puro y natural. Porque sí, sin explicaciones.

Evidentemente hay enfados, riñas y discusiones pero el vínculo es tan fuerte que somos capaces de pasar por encima de ellos, de superarlos, y sentirnos por eso más unidos.
Soy  consciente de que no tengo una familia normal. Somos muchos (y cuando digo muchos quiero decir muchos) y cada vez más. Y nos gusta compartir momentos, comida y merengues. Somos brujas y brujos. Somos especiales.

Todo esto ha venido porque, como sabéis, es el Día de la Madre. El oficial y el que todo el mundo celebra. Yo soy partidaria de celebrarlo todos los días, aunque no esté establecido en el calendario. Pero hoy ha sido especial porque hemos hecho eso que nos gusta tanto hacer (aparte de comer): estar juntos.
Todo esto ha venido porque os quiero. Sé que no os lo digo mucho, porque a mi esas cosas no me salen fácilmente, pero intento demostrároslo cada vez que os veo. Porque sin vosotros no soy yo. Porque lo  único que me da miedo de verdad es que pase el tiempo y todo esto que tenemos se pierda, porque seamos demasiados, porque nos cansemos… Sea cual sea el motivo, le tengo pánico a la idea de perderos.

Ahora mismo, después de este fabuloso día, sinceramente, soy feliz. Estoy orgullosa de todos y cada uno de los miembros de mi familia. Recuperemos uno de esos verbos ya en desuso: henchir. ¿Cómo una palabra puede significar tanto? ¿Cómo puede explicar tanto? Estoy henchida, llena, reboso felicidad y alegría, de esa que te hace hasta llorar. Estoy agradecida, muy desde el fondo de mi corazón, con quien sea que decidiese ponerme donde estoy.  

Hace mucho tiempo. Sólo una pequeña parte de los que somos ahora. Y más que seremos. (Siento el flash en el tío Pato) 

martes, 24 de abril de 2012

Fragmentos de mi prehistoria.

Lo sé. Hace un mes y dos días que no escribo. Ya os avisé de que escribiría conforme me apeteciese. Y hoy me apetece contaros una historia.
Primero: la banda sonora 

(patrocinado por Raül el Sabio, consejero de la Corte)

Es una historia cortita. Quizá no os guste. Quizá no la entendáis, pero intentaré haceros sentir lo que siento yo cuando la oigo. Pido perdón, de antemano, por si no lo consigo y porque no es una historia lineal, ni con una estructura concreta. Son fragmentos. Fragmentos de un día, quizá dos o tres. A lo sumo cuatro. Y siempre que los he escuchado ha sido de forma incoherente y mezclados. Haré lo que pueda.


PARTE I

Todo empieza un 29 de diciembre de 1984. Hace una eternidad. Una pareja se casaba. Unos amigos les felicitaban. Llevaban años saliendo.
No fue una declaración de película. No fue una petición de matrimonio romántica, ni de libro. Fue la opción más natural. El paso siguiente y la decisión más acertada. Se querían y se quieren.

Se conocieron por casualidad. Una hermana de ella se fue de viaje y le conoció a él, en otro momento, en otra ciudad. El destino quiso que el trabajo le trajera a Valencia. Aprovechando, la amiga (y hermana) le ayudó a instalarse. Se hicieron amigos.

La casualidad, y un padre bastante protector, quiso que “salir con unos amigos” se convirtiese para ella en “salir con unos amigos de tu hermana mayor”. Se conocieron. Pasó el tiempo. Él se le declaró en una playa. Idílico.

Ella le dijo que no. Pero surgió ese “y si…” que no nos deja vivir. Una segunda declaración y la espera valió la pena.


PARTE II

24 de abril de 1990. Dos amigos hablando:

- ¡Felicidades! ¡Enhorabuena!
- Gracias, gracias. Estoy que no me lo creo.
- ¿Qué ha sido? ¿Niño o niña?
- Niño, niño.

Meses después…

- ¿Qué tal tu mujer?
- Estupenda. Está embarazada, ¿sabes?
- ¿Sí? ¡Enhorabuena! ¿Te imaginas que nace el mismo día que mi hijo?
-Sí, hombre… Sería demasiada casualidad.
-¿Qué apostamos?


PARTE III

Tiene cita con el médico para mañana. No van a avisar a nadie, que se preocupan demasiado. Él no irá a trabajar. Ella todavía no lo tiene asimilado.

Es 23 de abril de 1991. Cenaron espárragos con unos amigos, recordando en secreto una vieja apuesta.


PARTE IV

Teléfonos sonando. Familiares y amigos preocupados. ¿Dónde están? ¿Les habrá pasado algo? ¿Y si han tenido algún problema con el embarazo? ¿Por qué él no ha venido a trabajar? ¡¿Quién sabe algo?!

Laura. Patricia. Dos opciones y ningún nombre era lo suficientemente bueno.
La Ruleta de la Suerte (paradojas de la vida) decidió por ellos: Gemma. Se llamaría Gemma.

Cesárea. Una madre que despierta y ve “una bolita rosa con mucho pelo”. Llora de alegría. Un marido orgulloso y asustado que regala a su mujer un collar que ella aún no se ha quitado.

Todos tranquilos. Ha sido niña. Ha nacido el 24 de abril de 1991. Un padre ha perdido una apuesta, pero su hija por fin ha llegado y por ella pagaría todas las apuestas del mundo. 

lunes, 26 de marzo de 2012

Formas de perder el tiempo:


Paso 4: publicarlo en el blog.

Y después de esto, ¡a trabajar todo el mundo! ¡Hombre ya!

miércoles, 21 de marzo de 2012

Desorden postfallas

No es que no quiera contaros que tal me va la vida, que sé que lo deseáis.

No es que no tenga nada que contar, porque tengo mucho que decir.

Es pura y simple perrería. Porque yo soy así, de escribir mucho o no escribir nada. De contarlo todo o callarme forever and ever (y como veis, controlo el bilingüismo que da gusto).  

El primer y principal problema: Las Fallas.  Tranquilos, no os asustéis, NO SON UN PROBLEMA. El problema viene después, cuando intentas volver a la rutina y recuperar tu horario normal y no lo consigues. Por aquello de poder dormir por las noches, y tal.

Así pues, como sé que lo estáis deseando, y que en el fondo no quiero volver a la rutina normal, recuperemos las Fallas. ¿Oigo ovaciones? ¿Aplausos? ¿Una masa enfebrecida? Oh, seeeehhh.


Todo comenzó un maravilloso sábado de marzo (porque, por si no lo sabéis, las Fallas son en marzo. Apuntadlo para el año que viene. De nada.). Un estupendo y fantabuloso 10 de marzo.

 - Pero… pero… (y el poncho?)… ¿las Fallas no empiezan el día 15?

Ahá, querido compatriota. Estás en lo cierto. Pero hay que ir abriendo boca, que luego se hacen cortas. Dicho lo cual, prosigamos.

10 de marzo.¿Dónde? Falla Pintor Segrelles. Perdón, ¿dónde?  Evidentemente, en la plaza Pintor Segrelles… es que tienes unas preguntitas que tiran pa’atrás. ¿Qué haces allí? Pues todo y nada. Supuestamente vamos los Cientoylamadre de siempre. Supuestamente se corta la calle y cada grupo tiene su parcelita, super mona de la muerte, para hacerse una paellita en condiciones, y cenar como buenos valencianos. Supuestamente. Pues nosotros no. Somos demasiados, así que, rebelándonos contra el sistema, decidimos hacer una torrá (pero también una minipaella simbólica, que no se diga).
El caso es que había cerveza como para hidratar a un continente entero. Y ya sabemos que pasa cuando hay cerveza de por medio: se acaba en conversaciones vía Whatsapp con las Grandes de Castilla.


Y ya basta del día 10, que el resto no mola tanto. Pasemos al día 15. De marzo. Acordaos que seguimos en marzo. Jueves. Fiesta de verdad. ¡¡Y se viene Urraca de Castilla y Boro (con amigo adosado)!! Consecuencia: se crea el caos entre los y las Cientoylamadre. Éramos pocos y parió la burra (últimamente estoy muy refranera, gracias).  ¡¡¡MENUDA FIESTA!!! Ni os lo imagináis. Fue absolutamente genial. Me lo pasé como hacía muchísimo tiempo que no me lo pasaba.

Editado a posteriori: 2 Grandes de Castilla a 15 de marzo. 

Pero como todo, hubo fallos. Dos en concreto. Una Indian – Crazy Jane que por perrería no quiso venir, y un Raül que se perdió con sus amigos en la gran ciudad. Hubiera sido apoteósico, y lo sabéis.

Y el resto de las Fallas no os la cuento, porque sería repetitrirme. Fiesta, fiesta. Dormir, dormir. Comer (poco, la verdad, porque no estaba el cuerpo para muchos trotes). Y más fiesta.

Y ahora trato de reintroducirme en la sociedad, a un horario normal, con la gente que vive durante el día.

No sabéis lo duro que es.

Bueno, ya acabo. Un pequeño y último apunte: mañana pelis y pintauñas con las Grandes. Llorar y colocarnos con el quitaesmalte como si no hubiera mañana.Además, dice Urraca que nos ha traído algo de su aventura en Sheffield. Algo que se come. ¿Promete, verdad?